03-15

Hoy es día de Cuaresma

Santa Luisa de Marillac. 1591-1660.

En París, en Francia, viuda, que con el ejemplo formó el Instituto de Hermanas de la Caridad para ayuda de los necesitados, completando así la obra delineada por san Vicente de Paúl. Es patrona de la Asistencia social.

 

03-14

Hoy es día de Cuaresma

Santa Matilde, Reina. 895-968.

En Quedlinburg, Sajonia, en Alemania, esposa fidelísima del rey Enrique I, la cual, conspicua por la humildad y la paciencia, se dedicó a aliviar a los pobres y a fundar hospitales y monasterios.

 

03-13

Hoy es día de Cuaresma 

San Rodrigo de Córdoba, Presbítero y Mártir. Siglo IX.

Vivió el Emirato de Córdoba. Uno de sus hermanos, fanático de Mahoma, le acusó de prevaricador y apóstata y lo condujo a prisión. Allí conoció a otro mozárabe: Salomón. Ambos murieron degollados.

03-12

Hoy es día de Cuaresma

Santa Fina de San Geminiano. 1238-1253.

En la ciudad de San Geminiano, en la Toscana, desde sus tiernos años sobrellevó con invicta paciencia, apoyada en sólo Dios, una prolongada y grave enfermedad.

03-11

Hoy es día de Cuaresma

San Constantino de Escocia, Rey y Mártir. Siglo VI.

Era un rey de vida desarreglada, se convierte aún joven y se va a Irlanda. Tras 7 años de vida penitente se ordena sacerdote. Al volver a Escocia como monje a predicar muere a manos de paganos. Se le considera el primer mártir de Escocia.

03-10

Hoy es día de Cuaresma

María Eugenia de Jesús Milleret Brou. 1817-1898.

En París, en Francia, fundadora de la Congregación de Hermanas de la Asunción, con 22 años, para la educación cristiana de niñas.

03-09

Hoy es día de Cuaresma

Santa Francisca Romana. 1384-1440.

Casada aún adolescente, vivió cuarenta años en matrimonio, siendo excelente esposa y madre de familia. En tiempos difíciles ayudó a los pobres, y al quedar viuda, se retiró a vivir entre las oblatas que ella había reunido bajo la Regla de san Benito, en Roma.

03-08

San Juan de Dios, Religioso. 1495-1550.

Portugués, después de ser soldado por Europa, prestó ayuda en un hospital fundado por él, y se asoció a compañeros con los que constituyó la Orden Hospitalaria San Juan de Dios, en Granada.

La semilla de Jesús y de Judas 

Leonardo da Vinci es un famoso artista del Renacimiento. Entre sus muchas obras se encuentra un cuadro muy grande sobre la Última Cena que se conserva en Milán. Cuando llegó el momento de pintar a Jesucristo se encontraba sin inspiración, no acertaba a pintar la cara de Jesús. Cuentan que un día vio a un chico por la calle, que charlaba con unos amigos. Le pareció una buena persona y lo abordó, explicándole si quería servirle de modelo para el cuadro que estaba haciendo. El chico accedió, y en poco tiempo tenía pintado el rostro de Jesús.

Al cabo de unos días, llegó el momento de pintar a Judas, el apóstol traidor. Y le ocurrió lo mismo, no encontraba la inspiración necesaria para pintar el rostro del apóstol traidor, de quien vendió a Cristo por treinta monedas. Una noche lluviosa y fría, iba por una callejuela y vio a un hombre tirado en un rincón. Se acercó, estaba inconsciente por la cantidad de alcohol que había bebido, además tenía en la cara signos de que se había peleado, olía mal, con la ropa sucia y mojada. Cuando se fijó en la cara, pensó: ¡Éste es el rostro de Judas! Lo cogió y lo llevó al sitio donde estaba pintando el cuadro. Sobre la marcha, de noche, empezó a pintar a Judas. Cuando amaneció, había acabado.

Con la luz del sol que entraba a raudales por los ventanales, se fijó mejor en los rostros que había pintado, y le llamó la atención el parecido entre la cara de Jesús y la de Judas. Se fijó bien, se acercó al borracho que seguía dormido y se dio cuenta que aquel borracho de tan mal aspecto era el mismo chico que le había servido para pintar el rostro de Jesús. Una misma persona le sirvió para pintar a Jesús y para pintar a Judas.

Cada uno llevamos en nosotros una imagen de Jesús, grabada en nuestra alma; pero también tenemos las raíces del mal, el pecado. Si practicas el bien, tu vida se parecerá a la vida de Jesús; pero si te dejas arrastrar de las malas inclinaciones que llevas dentro de ti… ¿adónde puedes llegar?

¿Recuerdas la parábola de predicó Jesús del trigo y la cizaña? Jesús nos habla de un campo sembrado de trigo; una noche un enemigo del dueño del campo sembró cizaña. La cizaña es una planta que se parece mucho al trigo; pero que no sirve para nada. Del trigo sale el pan, de la cizaña nada, solo sirve para hacer un fuego con ella y quemarla (Mateo 13, 24-43).

Nuestra vida es un campo en el que Dios ha sembrado trigo, ha sembrado la gracia que nos hace hijos suyos, y hace que poco a poco, si pongo de mi parte lo que pueda, me vaya pareciendo e identificando con Cristo. Pero, como consecuencia del pecado original, notamos el mal dentro de nosotros: son las malas inclinaciones. Por ejemplo, eres generoso pero también tienes un genio atroz; eres trabajador pero te cuesta prestar tus cosas; eres optimista pero inconstante; y podríamos seguir… Esto es, eres una buena persona, pero que, a veces, haces cosas que están mal.

Todos los hombres tenemos cosas buenas, y también todos tenemos cosas malas. Descubre lo bueno que hay en ti para cultivarlo y que así crezca. Y descubre también lo malo, para que intentes cambiarlo poco a poco, con la ayuda de Jesús y de María.

Por otra parte, si quieres ayudar a los demás, no olvides que incluso las personas que peor te caen porque ves que tienen muchas cosas que te molestan, tienen también cosas buenas… y ayúdales a cultivarlas.

Señor mío y Dios mío, gracias por lo bueno y perdona lo malo que hay en mí.

Ahora te toca a ti hablar a Dios con tus palabras, comentándole lo leído o lo que quieras.

 

03-07

Santa Perpetua y Santa Felicidad, Mártires. Sigo II.

Perpetua, de veinte años, madre de un niño de pecho, y Felicidad, su sierva, estaba entonces embarazada. Después de dar a luz, según las leyes romanas, murieron en el circo romano (Cártago, año 203).

Bailarín de Dios

Escribe Madeleine Delbrêl: «Si hay muchos santos a los que no les gusta bailar, hay también otros muchos que sintieron la necesidad de bailar, pues eran felices viviendo: santa Teresa con sus castañuelas, san Juan de la Cruz con un Niño Jesús en sus brazos, y san Francisco delante del Papa. Si estuviésemos contentos de ti, Señor, no podríamos resistir a esta necesidad de bailar que corre por el mundo, y llegaríamos a adivinar a qué ritmo te gusta que dancemos siguiendo el paso de tu Providencia.

»Porque yo pienso que tal vez tengas mucha gente que está siempre hablando de servirte con aire de capitanes, de conocerte con aire de profesores, de alcanzarte según unas reglas deportivas, de amarte como se ama en un viejo matrimonio.

»Un día que tenías ganas de otra cosa, inventaste a san Francisco y le hiciste tu juglar. A nosotros nos corresponde dejarnos inventar para ser gente alegre que baile su vida contigo.

»Para ser buen bailarín, lo mismo contigo que en cualquier otra parte, no necesito saber adónde me lleva. Basta con seguir, con estar alegre, ser ligero, y sobre todo no andar tieso. No hay que pedirte explicaciones sobre el paso que te gusta llevar. Hay que ser como una prolongación, ágil y viva de ti, y recibir por medio de ti el ritmo de la orquesta. No hay que pretender seguir adelante a toda costa, sino aceptar dar vueltas y marchar de lado. Hay que saber detenerse y deslizarse en vez de marchar. Todo esto no sería más que pasos tontos si la música no los convirtiese en armonía. Pero olvidamos la música de tu Espíritu, y hacemos de nuestra vida un ejercicio gimnástico; olvidamos que, en tus brazos, la vida se baila, que tu santa voluntad es de una inconcebible fantasía, y que sólo existe la monotonía para las almas viejas que están de mironas en el alegre baile de tu amor.»

Dios mío, quiero bailar contigo cada día. Perdona si no me dejo llevar, si no voy al compás de tu música, si soy un poco tieso, o me resisto a dar pasos que no me llevan a lo que yo entiendo que es avanzar hacia delante. Ten paciencia, y ayúdame.

Puedes continuar hablándole de lo que quieras, y manifestarle tus deseos de ser su mejor bailarín de este siglo…

03-06

San Olegario, Obispo. Siglo XI-XII.

En Barcelona, España, asumió también la cátedra de Tarragona cuando esta antiquísima sede fue liberada del yugo de los musulmanes. Murió en 1137.

El gozo de confesar

Teresa de Calcuta, en una entrevista con un periodista alemán, decía:

«El otro día un periodista me planteó una extraña pregunta:

»—Pero ¿también usted tiene que confesarse? Le contesté: —Desde luego. Me confieso todas las semanas. Él dijo: —De verdad que Dios tiene que ser muy exigente si todos os tenéis que confesar. Yo le razoné: —Su hijo comete a veces alguna equivocación, hace alguna pequeña trastada. ¿Qué ocurre cuando acude a usted y le dice: “Lo siento, papá”? ¿Qué hace usted en esos casos? Usted pone la mano en su cabeza y le da un beso. ¿Por qué? Porque es su manera de decirle que lo ama. Dios hace lo mismo. Dios nos ama con ternura.

»Aun cuando cometemos alguna equivocación, aprovechémonos de ella para acercarnos más a Dios. Digámosle con humidad: “No he sido capaz de ser mejor. Te ofrezco mis propios fracasos.” La humildad consiste en esto: tener el coraje de aceptar la humillación.»

¡Es una maravilla la confesión! Quien la descubre… la valora y la desea.

Por otro lado, me decía un amigo: «Debe de ser duro confesar: todo lo negativo y el mal continuamente en los oídos.» Tuve que decirle que sí y que no. 

Sí, porque el sacerdote toca el sufrimiento que causa el mal. Pero no; no, porque todo lo negativo y todo pecado que se escucha en la confesión es verdadero, pero es lo menos importante. Lo más grande es el porqué lo dice y todo lo que no dice…:

-tantas cosas buenas que no enumera porque no vienen a cuento en la confesión,

y la grandeza de reconocer la verdad,

— y el acto heroico y victorioso de ponerse en contra de él mismo en lo que ha hecho mal, sin excusarse mezquinamente,

— y pedir el perdón a Dios,

— y proponerse llevar una vida distinta,

— y esperar en la ayuda de la gracia porque sabe que no lo conseguirá de un día para otro, pero espera y confía en el amor inmenso de su Padre Dios,

— y el propósito de seguir luchando,

— y saber que volverá a pedir perdón cuando haga falta o requiera el abrazo animoso de Cristo,

— y ponerse de rodillas ante Dios, porque reconoce que él no decide lo que está bien y mal,

-y…

Confesar es gozoso y emocionante, porque significa asistir a un encuentro de dos corazones que están deseándose mutuamente, como es emocionante el amante que acude pidiendo perdón al amado, diciéndole que lo siente, que ha sido su culpa, y que tratará de no hacerlo más. ¿Hay algo más emocionante que pedir perdón? Quizá sí: el concederlo. Eso es confesar.

Ojalá todos los cristianos acudamos a confesarnos semanalmente, y ayudemos a otros a hacerlo.

Gracias, Dios mío, por habernos enseñado el perdón, la grandeza de pedirlo y de concederlo. Y gracias porque tú siempre nos lo concedes. Te pido por estas personas a las que quiero hablarles de la confesión (dile los nombres que quieras). Gracias.

Ahora te toca a ti hablar a Dios con tus palabras, comentándole lo leído o lo que quieras, o diciéndole que te gustaría ser un «forofo» de la confesión… Mira si la valoras o si te parece un suplicio… y pregúntale cómo amarla más… y a quién puedes proponerle que vaya contigo a confesarse la próxima vez que tú vayas a hacerlo.