08-12

Santa Juana Francisca de Chantal, Co-fundadora. Siglos XVI-XVII.

De Francia, se casó con el Barón Christophe de Rabutin-Chantal, de quien tuvo seis hijos. Tras enviudar, conoció a San Francisco de Sales, que fue su director espiritual junto a San Vicente de Paúl.

Hacer bien más que estar bien

Alessandro Manzoni escribe: «El hombre, mientras está en este mundo, es un enfermo que se encuentra en una cama más o menos incómoda, y ve a su alrededor otras camas, bien hechas por fuera, lisas, mullidas: y se figura que en ellas se debe de estar muy bien. Mas si consigue cambiar, apenas se ha instalado en la nueva, empieza, con el peso, a sentir, aquí una paja que lo pincha, allí un bulto que lo oprime: estamos, en suma, más o menos como al principio. Y por eso se debería pensar más en hacer el bien, que en estar bien: y así se acabaría por estar mejor.»

Así es: mejor pensar más en hacer bien que en estar bien. Sin embargo, algunos gastamos todas nuestras energías en estar bien: que no me duela nada, no tener sueño ni hambre, estar distraído y sin esforzarme, descansado y con la piel morena…

La diferencia entre un hombre vivo y un cadáver es que en el primero existe una unidad compuesta y en el segundo una descomposición. En el muerto falta la conexión de los órganos, por lo que se disgregan, se disuelven y se desintegran. Estos órganos no pueden funcionar con independencia porque se necesitan unos a otros. Les falta un hilo conductor: el sistema nervioso, la cabeza.

¿No te parece que hay muchos cadáveres ambulantes? Hombres y mujeres sin cabeza, sin rumbo, como veletas que giran según el viento. Se arriman al sol que más calienta. Imprevisibles, sentimentales, actúan según los gustos del momento. Su norma es lo que les apetece. Sin proyectos, o mejor, sus proyectos dependen del estado de ánimo o de las ganas o de aquel con quien se encuentra en ese momento.

Aunque piensen que son ellos los que deciden, su voluntad no tiene la última palabra: en ellos manda la comodidad, el vicio y el capricho. No se han marcado un camino con meta, sino una vía de escape.

En otras personas el problema no está en la falta de hilo conductor, sino en que han elegido un hilo conductor equivocado. La riqueza, la fama, el poder, destacar en algo… hilos conductores que son vanidad.

Cuentan que Alejandro Magno no era físicamente grande, sino más bien pequeño. Después de su victoria sobre Darío rey de los persas, cuando se sentaba en el trono usaba una mesa de campaña de dicho rey como escabel donde apoyar los pies. Un sirviente del rey derrotado le dijo que aquello no estaba bien, que era una humillación innecesaria para el rey vencido. Éste recibió contestación de uno de los filósofos, llamado Filoto, que acompañaba a Alejandro Magno: «Te equivocas; esto no es una humillación, sino una advertencia. Así se advierte Alejandro a sí mismo que la inestabilidad es condición propia de los imperios de los hombres.»

El buen hilo conductor es el que no se rompe nunca. Un hilo fuerte, más fuerte que la muerte. Sólo el Amor de Dios que es eterno, fiel y grande crea este hilo. En el hombre este amor se traduce en santidad. La santidad no es otra cosa que el Amor de Dios informando toda nuestra vida, todas nuestras acciones: «Ora comáis, ora bebáis, o hagáis cualquier cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios» (I Corintios 10, 31) .

Este hilo es sencillo de obtener, porque no se nos pide perfección —somos débiles— sino respuesta al Amor de Dios.

El tiempo libre y las vacaciones no es tiempo para pasarlo sin más, esto sería no tener hilo conductor. Necesitamos ponernos metas, saber qué buscamos. Tampoco nos serviría si los propósitos fuesen simplemente comerciales: comprar, gastar, adquirir, aprender; esto sería tener un hilo conductor erróneo. El buen agosto es el agosto santo, cuando decidimos disfrutarlo contando con Dios, amándole y ofreciéndole todas esas cosas buenas que nos gustan y le gustan.

Santa María, tú pusiste un buen hilo conductor a tu vida. No buscaste «estar bien» sino «hacer bien». Enséñame a vivir así este mes. Quiero que mi hilo conductor sea fuerte, que dé unidad a todo. «Todo para la gloria de Dios»: ése quiero que sea mi lema, como tantas veces escribió tu hijo san Ignacio.

Comenta con Dios cómo te ves: si te mueve más estar bien o hacer bien… y pregúntale qué le gustaría que cambiases. Puedes terminar con la oración final.

08-11

Santa Clara de Asís, Virgen y Fundadora. Siglo XII.

Discípula de San Francisco, fundó la Orden de Damas Pobres de San Damián (Clarisas). Es la rama femenina de los franciscanos y la gobernó con fidelidad exquisita al espíritu franciscano hasta su muerte. 

El periódico de mañana no está escrito ni por Dios

Dos relatos lo explicarán mejor. El primero lo relata Tatiana Goricheva, joven rusa que se convirtió al cristianismo sin haber recibido ninguna formación cristiana. El segundo es de un teólogo alemán, Guardini.

1) Tatiana Goricheva cuenta lo siguiente: «En mi adolescencia tuve una amiga que se quitó la vida a los quince años porque no pudo soportar todo lo que la rodeaba. Al morir dejó escrita una nota que decía: “Soy una persona muy mala”, cuando era una criatura de corazón extraordinariamente puro, que no podía tolerar la mentira y que no pudo mentirse a sí misma. Aquella muchacha se quitó la vida porque descubrió que no vivía como hubiera debido hacerlo y porque de alguna manera había que romper el vacío que a uno le rodea y encontrar la luz. Pero ella no encontró ese camino. Mi amiga era una persona demasiado profunda y extraordinariamente consciente para su edad, y comprendió que también ella tenía en todo una responsabilidad y culpa.

»Hoy, a los veinte años de su muerte, yo puedo expresarlo en un lenguaje cristiano: mi amiga había descubierto su condición de pecadora. Había descubierto una verdad fundamental, a saber: que el hombre es débil e imperfecto; pero no descubrió la otra verdad, que es más importante: la de que Dios puede salvar al hombre, arrancarlo de su condición de caído y sacarlo de las tinieblas más impenetrables. De esa esperanza nadie le había dicho nada, y murió oprimida por la desesperación.»

Los hombres esperamos muchas cosas. Pero la esperanza de los cristianos la llamamos virtud teologal porque tiene que ver con Dios. No es optimismo, sino saber y esperar algo bueno porque Dios está al final. Él estaba al principio creando todo y creándonos a nosotros, pero también está al final de manera que nos acompaña durante toda la vida, y cuida para que alcancemos lo mejor. No sólo es alfa, sino también omega. No sólo es principio, sino también fin.

Sólo Dios no se equivoca cuando nos promete un cielo. Nos da los medios, y nos enseña a mirarle a él, que no falla. «Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad» (I Timoteo 2, 4). Nada está perdido, aunque nos encontremos muy mal y muy tontos y muy sinvergüenzas.

Los hombres no somos Dios, pero sí somos de Dios. A él le pertenecemos, somos de su familia y «quien empezó en vosotros la obra buena, la terminará» (Filipenses 1, 6).

2) El otro relato lo expresa el teólogo Romano Guardini. No es fácil pero sí interesante. Quiere explicar que la Providencia, la voluntad de Dios no es como un periódico que ya está escrito, y que si yo he elegido mal ya no tengo remedio porque mi vida ya no tiene nada que ver con el periódico. Las cosas no son así. Dios cuenta con nosotros. Aunque nos equivoquemos, Dios quiere aprovechar nuestro error y vuelve a disponer todo teniendo en cuenta nuestra equivocación. Siempre cuenta conmigo, nunca tengo motivos para desesperarme, porque él sigue contando conmigo haga lo que haga. Nunca se da la situación de que «esto ya no tiene arreglo». Así lo dice:

«Ante Dios existe siempre un camino. Ocurra lo que ocurra, bueno o malo, la voluntad de Dios lo juzga. Pero a la vez acoge lo ya hecho, y exige el paso siguiente. Y de este modo va todo adelante. Puede que el camino se vaya haciendo a cada paso más áspero y abnegado; lo seguimos cargados con las consecuencias de nuestra culpa o de nuestro yerro. Pero es, sin embargo, verdadero camino. No es una senda trazada ante nosotros y que si la abandonásemos nos encontraríamos con la carencia absoluta de caminos, sino una senda que se está construyendo bajo nuestros pies, partiendo de Dios y haciéndose nueva a cada uno de nuestros pasos.

»Esta voluntad de Dios debe llevar el nombre bellísimo que nos ofrece la Revelación: se llama el Amor del Padre. La voluntad de Dios no es una cosa definitiva y hecha una vez para siempre, sino que acapara mi libertad y mis actividades y vuelve a dirigirse a mí, como algo nuevo cada vez, según la situación concreta en que me hallo.»

Apúntate al segundo relato y no al primero. Disfruta con lo que tienes, pues Dios te lo ha dado, y nunca te desesperes. Mira si tienes cerca algún amigo que haya desesperado con Dios, que se desprecie o se haya dado por perdido, y habla con él diciéndole al oído las palabras de la Escritura: «Espera en el Señor, ten ánimo, sé valiente, espera en el Señor.»

Espero en ti, mi Dios, que eres Alfa y Omega, Principio y Fin. Tú me conoces y cuentas con mis errores. Gracias porque nunca me das por perdido, nunca estropeo tus planes de manera que ya no tenga arreglo. Tú eres mi esperanza: quiero ser valiente y esperar siempre en ti. Querría aprovechar estos días para comentar esto con amigos míos que se hayan dejado ganar por la desesperanza. ¿Con quién quieres que hable?

Dale tiempo para que te responda el Señor. Ojalá supiésemos vivir de acuerdo con su querer, díselo; pero agradécele que puedas vivir solo mirando hacia delante, porque él, Omega y fin, se encarga de abrirnos un futuro nuevo en cada momento.

08-10

San Lorenzo, Mártir. Siglo III.

De Jaca, fue nombrado diácono por el Papa Sixto II. El Emperador Valeriano publicó un edicto de persecución a los cristianos y arrestaron al Papa y a los diáconos. Al santo mandó que lo quemaran en unas parrillas ardiendo.

Los bienes

Está claro: aquí hay que elegir. Ir a la playa o al monte, seguir en la cama o levantarme, ver en la tele esto o lo otro, poner esta música o aquella… Deseamos lo mejor y estamos obligados a elegir. Pero hay una elección básica, anterior a todas las demás elecciones, la elección entre dos grandes grupos de bienes.

San Pablo elaboró una de las primeras clasificaciones de bienes (cfr. Romanos 8, 1-12); habla de los bienes carnales y de los bienes espirituales. También señala dos modelos de hombres: el hombre carnal y el hombre espiritual. Dependiendo del grupo de bienes que uno elija, el tipo de bien al que nos apuntemos, seremos un hombre u otro.

Es lógico: el hombre tiene cuerpo y espíritu, y los dos elementos actúan. Cada ser humano elige el elemento al que va a dar prioridad, cada uno dice: «yo daré más importancia a los bienes del cuerpo», o dice «yo pondré en primer lugar los bienes del espíritu». Ésta es la primera elección.

Muchos tienen una visión del hombre carnal y gustan mucho y sólo de las cosas carnales, esto es, aquellas cosas que se adhieren a los sentidos externos: comer, beber, dormir, gustar, descansar, etc. Al demonio le interesa esta visión del hombre y la fomenta con la tentación. Lo tiene fácil. Estos bienes son visibles y palpables, están al alcance de la mano; además no hace falta esforzarse ni ser muy listos para conseguirlos. Sin proponérselo, solamente con ponerse, el hombre se coloca en el grupo de los hombres carnales. Casi no hace falta ni ser tentado: el cuerpo nos tira él solito hacia el hombre carnal.

Descubrir los bienes espirituales, sin embargo, ya no es tan fácil. Hace falta proponérselo. No se ven ni se tocan los bienes espirituales. Exigen cierta comprensión y trabajo. Un bien carnal es evidente, no hay que explicarlo; en cambio, un bien espiritual hay que fomentarlo y no se disfruta inmediatamente: una buena copa es más fácil de disfrutar que un buen concierto de rock. Es curioso, pero a pesar de ser más importantes los bienes espirituales, los hombres nos quedamos enganchados con los bienes carnales.

Hay que elegir. El estilo de vida de cada uno depende de esta elección. Unos viven una vida más parecida a los seres animales, otros una vida más cercana a los seres espirituales. La primera es fácil y pobre como la de cualquier mamífero, la segunda es difícil y rica como la de tantos héroes.

Lo carnal es bueno, pero siempre y cuando no sea prioritario: si los bienes carnales son prioritarios no dejan que el espíritu viva, matan el espíritu. Los bienes espirituales son de mayor calidad: tienen valor en sí mismos, son difusivos tanto en extensión como en profundidad, dan una satisfacción que hace desear más. Por el contrario, los bienes carnales son bienes de baja calidad: producen satisfacción pero exclusiva, no se puede compartir con otros; además se gastan y acaban por aburrir. Paradoja de la vida: los bienes carnales se obtienen sin cansancio y acaban por cansar; los bienes espirituales se obtienen con cansancio pero nunca cansan.

Así, si en este mes te dedicas a comer te encontrarás pesado. Si te dedicas a beber perderás el equilibrio. Si te pones al sol te acabarás quemando. Si te dedicas a dormir te perderás el tiempo. ¡No seamos tontos! Aprovechemos las oportunidades que Dios nos da: la inteligencia para saber, la voluntad para luchar, el corazón para amar… Que deseemos saber más, disfrutar de lo bello, ir a por los bienes más altos. Esto no son rollos elevados para poetas o gentes raras: se trata del placer de charlar con alguien, del gustazo de leer un buen libro, del gozo de subir una montaña o de sumergirse por cuevas marinas, del buen rato de acompañar a alguien solo o que sufre, del gozo de estar con Dios…

Elige este mes dar prioridad al hombre espiritual. Como nos dice san Pablo: «Conduzcámonos como en pleno día, con dignidad. Nada de comilonas ni borracheras, nada de lujuria ni desenfreno, nada de riñas ni pendencias. Vestíos del Señor Jesucristo (Romanos 13, 13-14)».

Enséñame, Señor, a elegir los bienes que valen la pena. Así me revestiré del Señor Jesús. ¿Elijo bienes de baja calidad? ¿Sólo disfruto con bienes materiales, con placeres físicos o de alta carga química? ¿Doy prioridad al hombre espiritual? Madre, llévame de la mano, condúceme.

Qué bien si hablas ahora con Dios acerca de lo leído. Pregúntale si te ve más hombre carnal u hombre espiritual. Rectifica lo que veas, haz con él la elección, y confía en su ayuda. Seguro que se te ocurre algún propósito concreto. Puedes terminar con la oración final.

08-09

Santa Teresa Benedicta de la Cruz, Monja Mártir. Siglo XIX-XX.

De Breslau, enseñó filosofía durante algunos años y llevó su vida bajo el velo religioso en un tiempo de régimen. Fue desterrada y encarcelada y murió en la cámara de gas del campo de exterminio de Auschwitz (Polonia). Se la considera Virgen de la Orden de las Carmelitas Descalzas.

No me cambio por ningún hijo de millonario

A Andrew Carnegie, uno de los multimillonarios más famosos del mundo en su tiempo, siendo ya muy viejo, asistía a un banquete. En el momento cumbre le pidieron que dijera algo de sí mismo, que explicara alguno de sus buenos recuerdos. Se levantó. Gran expectación. Dijo: «Nací en una familia pobre, y no cambiaría los buenos recuerdos de mi infancia por los de ningún hijo de millonario. ¿Qué saben esos niños de las alegrías familiares, y del inolvidable recuerdo de una madre que es el mejor refugio de muchos hijos, la mejor cocinera, la mejor maestra, la mejor lavandera y, a la vez, la mujer más bonita, más ahorradora, más angelical y más santa de cuantas ha conocido un hombre en su larga vida?»

Es importante, muy importante, que dediquemos tiempo a nuestra familia. Los padres a estar los dos juntos y con sus hijos, los hijos con los hermanos y con sus padres. El grito de «ésta es tu casa y no una pensión» es bueno que se oiga: tenemos que defender a la familia. No es importante dar sólo nivel de vida y cosas que se compran, sino las cosas que enumera el multimillonario Andrew Carnegie del que hemos hablado: ¡tantas alegrías familiares!

También Jesús vivió en una familia. Vino al mundo para salvar a todos los hombres. El Señor vino «para servir y no para ser servido». Jesús realizó su servicio gran parte de su vida en el ámbito familiar. Él era Dios y obedeció a dos criaturas porque en la familia ninguno es más importante que otro. En aquella casa trabajó en tareas que no tenían ningún relieve externo, era la etapa de la vida oculta del Señor. Pero todo eso que se hace en casa, rutinario y monótono pero a la vez necesario, es algo divino.

Puede ser buena cosa poner más esfuerzo en casa durante este mes. Hacer planes familiares, compatibilizar los horarios de unos y otros, descansar juntos, obligarse a encontrarse todos…

Jesús, María y José, que vivamos en nuestras casas como vosotros tres. Que les conozca más, que les dedique tiempo, que busque lo mejor para cada uno, que se lo haga pasar bien a uno y a otro, que cada vez les tenga más cariño, que no me importe sacrificar algo mío personal por el bien de la familia. Gracias, Dios mío, por la familia que me has dado. No quiero recibir de mi familia millones de euros, sino un tierno abrazo. Que redescubra a mi madre. Que redescubra a mi padre. Que me dé a mi familia, santa María.

Puedes repasar el brindis de Andrew y comentar con Dios si piensas lo mismo. Pregúntale, también, qué quiere que cambies en casa, qué puedes hacer… Concreta y agradécele sin cansarte.

08-08

Santo Domingo de Guzmán, Fundador de los Dominicos. Siglo XIII.

De origen burgalés, estuvo en el sur de Francia de misionero predicando durante 10 años. Fundó su Comunidad de predicadores en 1216. La gente lo veía siempre con rostro alegre, gozoso y amable. Pasaba noches enteras en oración.

Los otros dos defectos

François-Xavier Nguyen van Thuan continúa:

«Cuarto defecto: Jesús es un aventurero.

»El responsable de publicidad de una compañía o el que se presenta como candidato a las elecciones prepara un programa detallado, con muchas promesas. Nada semejante encontramos en Jesús. Su propaganda, si se juzga con ojos humanos, está destinada al fracaso.

»Él promete a quien lo sigue procesos y persecuciones. A sus discípulos, que lo han dejado todo por él, no les asegura ni la comida ni el alojamiento, sino sólo compartir su mismo modo de vida.

»A un escriba deseoso de unirse a los suyos, le responde: “Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza” (Mateo 8, 20).

»El pasaje evangélico de las bienaventuranzas, verdadero “autorretrato” de Jesús, aventurero del amor del Padre y de los hermanos, es de principio a fin una paradoja, aunque estemos acostumbrados a escucharlo:

»“Bienaventurados los pobres de espíritu…, bienaventurados los que lloran…, bienaventurados los perseguidos por… la justicia…, bienaventurados seréis cuando os injurien y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos” (Mateo 5, 3-12).

»Pero los discípulos confiaban en aquel aventurero. Desde hace dos mil años y hasta el fin del mundo no se agota el grupo de los que han seguido a Jesús. Basta mirar a los santos de todos los tiempos. Muchos de ellos forman parte de aquella bendita asociación de aventureros. ¡Sin dirección, sin teléfono, sin fax…!

»Quinto defecto: Jesús no entiende ni de finanzas ni de economía.

»Recordemos la parábola de los obreros de la viña: “El Reino de los Cielos es semejante a un propietario que salió a primera hora de la mañana a contratar obreros para su viña. Salió luego hacia las nueve y hacia mediodía y hacia las tres y hacia las cinco… y los envió a su viña”. Al atardecer, empezando por los últimos y acabando por los primeros, pagó un denario a cada uno (cf. Mateo 20, 1-16).

»Si Jesús fuera nombrado administrador de una comunidad o director de empresa, esas instituciones quebrarían e irían a la bancarrota: ¿cómo es posible pagar a quien empieza a trabajar a las cinco de la tarde un salario igual al de quien trabaja desde el alba? ¿Se trata de un despiste, o Jesús ha hecho mal las cuentas? ¡No! Lo hace a propósito, porque —explica—: “¿Es que no puedo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno?”

»Y nosotros hemos creído en el amor.

»Pero preguntémonos: ¿por qué Jesús tiene estos defectos? Porque es Amor (cf. 1 Juan 4, 16). El amor auténtico no razona, no mide, no levanta barreras, no calcula, no recuerda las ofensas y no pone condiciones.

»Jesús actúa siempre por amor. Del hogar de la Trinidad él nos ha traído un amor grande, infinito, divino, un amor que llega —como dicen los Padres— a la locura y pone en crisis nuestras medidas humanas.

»Cuando medito sobre este amor mi corazón se llena de felicidad y de paz. Espero que al final de mi vida el Señor me reciba como al más pequeño de los trabajadores de su viña, y yo cantaré su misericordia por toda la eternidad, perennemente admirado de las maravillas que él reserva a sus elegidos. Me alegraré de ver a Jesús con sus “defectos”, que son, gracias a Dios, incorregibles.

»Los santos son expertos en este amor sin límites. A menudo en mi vida he pedido a sor Faustina Kowalska que me haga comprender la misericordia de Dios. Y cuando visité Paray-le-Monial, me impresionaron las palabras que Jesús dijo a santa Margarita María Alacoque: “Si crees, verás el poder de mi corazón.”

»Contemplemos juntos el misterio de este amor misericordioso.»

Señor, he creído en tu amor. Que sea aventurero, que me olvide de los criterios económicos con mi familia y con mis amigos. Graba en mi alma que el mejor amigo es quien da la vida por sus amigos, y que así lo viva yo. Que los cristianos enseñemos lo que aprendemos de ti, que enseñemos al mundo qué significa ser amigo.

Coméntale ahora estos otros dos defectos. Pídele que cambie tu corazón hasta hacerlo defectuoso como el suyo. ¿No salen de tu boca frases del tipo «yo he hecho tantas veces y tú…», o «yo he dado tanto y él…»? Pregúntale qué quiere que hagas, y si puedes concreta algo.

08-07

San Sixto II, XXIV Papa. Siglo III.

De origen griego, sucedió al Papa San Esteban. Tuvo una reconciliación con San Cipriano, pero no hubo tiempo para profundizar un diálogo, pues se debió enfrentar a una nueva emergencia: Valeriano desató una segunda persecución contra los cristianos.

Los enamorados

Señora de rojo sobre fondo gris relata de forma biográfica la historia de amor de Miguel Delibes, recuerdos de la vida con su mujer, muerta a los 48 años. Todo el libro es una lección de humanismo y madurez de amor. No aparecen acontecimientos espectaculares, pero sí muchos y frecuentes sucesos modestamente grandiosos. Un ejemplo es éste, en el que evoca los ratos diarios que seguían a la comida:

«En aquellas sobremesas, empleábamos palabras ambiguas, solapadas. Ninguno de los dos éramos sinceros pero lo fingíamos y ambos aceptábamos, de antemano, la simulación. Pero las más de las veces, callábamos. Nos bastaba mirarnos y sabernos. Nada importaba los silencios, el tedio de las primeras horas de la tarde. Estábamos juntos y era suficiente. Cuando ella se fue todavía lo vi más claro: aquellas sobremesas sin palabras, aquellas miradas sin proyecto, sin esperar grandes cosas de la vida, eran sencillamente la felicidad.»

Otro de sus recuerdos nos ayuda a descubrir la grandeza de amar en lo material, cotidiano e insignificante:

«Durante el semestre que pasamos en Washington, en casa de los Tucker, yo comía poco y enflaquecía. No me adaptaba a la comida ni al horario americanos, y tu madre, que conocía mi aprensión, me metía el botón del cuello de la camisa cada cierto tiempo, para que no lo advirtiera. Te parecerá cómico, pero en la clínica (mientras le acompañaba en su enfermedad) no lograba arrancar este recuerdo de mi cabeza. ¿Cómo no valoré antes este detalle? Cuando las cosas de este tenor se están produciendo no les das importancia, las consideras normales. Incluso te parece ridículo el reconocimiento ante los allegados. Pero un día falta ella, se hace imposible agradecerle que te metiese el botón de la camisa y, súbitamente, su atención deja de parecerte superflua para convertirse en algo importante. En la vida has ido consiguiendo algunas cosas pero has fallado en lo esencial, es decir, has fracasado.»

El amor-tranquilo permite disfrutar de emociones más estables, más hondas, más altas. La vida ordinaria resulta llena de sentido por la presencia de este amor.

Necesitamos aprender a apreciar lo esencial. Necesitamos vivir esas épocas de amor en las que «se percibe mejor la arquitectura». Las hojas caen: el árbol se deja ver. Está orientado hacia la altura y sus ramas, como dice Rilke, son «raíces sorbiendo cielo». Se aprecia lo esencial. Qué buen mes para aprender a amar así.

Señor Jesús, enséñanos a amar. Que no confundamos el amor con la pasión. Que sepamos darnos, que los cristianos —cada uno, yo mismo— seamos maestros del amor, que con nuestra vida propaguemos tu mandamiento: amarnos como tú nos has amado. Que seamos detallistas y nos esforcemos por ser ingeniosos al darnos a los demás en detalles aparentemente superfluos; al mismo tiempo, que reconozcamos y valoremos los detalles que tienen con nosotros.

Ahora puedes continuar comentando lo leído con tus palabras. Mira a ver si eres detallista. Después, termina con la oración final.

08-06

Transfiguración del Jesús. Siglo I.

Jesús se transfiguró en el monte Tabor un año antes de su Pasión con la presencia de Santiago, Pedro y Juan. Les dijo que algunos de los apóstoles verían la gloria de Dios antes de morir. También compartieron esta experiencia: Santa Teresa de Ávila, San Juan de la Cruz, Santa Teresita del Niño Jesús y San Pablo.

El cristiano Vidriera

Jesús sí tuvo algún que otro secreto. Hoy celebramos una fiesta al recordar un hecho que fue un secreto de Jesús. Le ocurrió un día que estaba solo con tres de los apóstoles, en una montaña. Al bajar les pidió que no se lo dijesen a nadie. Ese día se transfiguró. Así lo cuenta san Mateo: « En aquel tiempo, Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos y su rostro resplandecía como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con Él. Pedro entonces tomó la palabra y dijo a Jesús: “Señor, ¡qué hermoso es estar aquí! Si quieres haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías” (Mateo 17)».

¿Qué quiere decir que se transfiguró? Que tras su figura se veía otra cosa: de algún modo se dejó ver su condición de Hijo de Dios en toda su gloria. Una forma de decirlo: su figura se hace transparente, el cuerpo deja de tapar al verdadero sujeto, deja de ocultar a quien es, el Hijo de Dios.

¿Para qué se transfigura? Antes de su pasión, cuando en su cuerpo sólo verán «un gusano herido y medio muerto» que despertará desprecio y repugnancia, quiere hacerles ver a unos pocos que él sí es el Hijo de Dios hecho hombre.

Por otro lado esta fiesta nos recuerda a todos los cristianos que también nosotros debemos ser en la vida como vidrieras, que debemos transparentar que somos hijos de Dios, dejar ver lo que hay tras nosotros: la vida de Cristo, el amor del Padre…

Por último, nos recuerda otra cosa: nuestro cuerpo en el cielo estará libre de las leyes espacio-temporales que aquí lo tienen sujeto. Después de morir, nuestro cuerpo será un cuerpo glorioso como el de Jesús en este momento de la transfiguración y después de su resurrección: un cuerpo que, entre otras cosas, no se corromperá jamás.

Señor, en el cielo diré lo mismo que Pedro: ¡qué bien se está aquí! ¡Que tenga paciencia! ¡Ya llegará ese día! Que durante la vida sea capaz de vivir como una vidriera limpia, que a través de mí pasen tus rayos, ilumines y des calor a través de mi figura. Quiero ser tu vidriera, Señor: ¡transfigúrame!

Ahora puedes seguir hablando con el Señor con tus propias palabras. Él te ve, te escucha y te comprende. Procura terminar con un pequeño propósito. Después puedes recitar la oración final.

08-05

Nuestra Señora de las Nieves, Advocación Mariana. Siglo IV.

El Papa Sixto III erigió en Roma una basílica sobre el monte Esquilino dedicada a la Santa Madre de Dios. Recibe el nombre de Santa María de las Nieves porque el sitio donde debía construirse quedó señalado de modo milagroso con una fuerte nevada en pleno verano.

Mis palabras son como balones de fútbol

Vale la pena detenernos en esta imagen del Salmo 68. Decimos a Dios:

Que me escuche, Señor, tu gran bondad.

Tu gran bondad, en latín, resulta más gráfico: In multitudine misericordiae tuae, se dice. El adverbiomultitudine nos sugiere multitud, número no contable de elementos. Puede ayudarnos imaginar cualquier multitud, como un gran estadio de fútbol, una numerosísima manifestación, una concentración multitudinaria. Así podemos imaginar la misericordia de Dios: una misericordia multitudinaria, unos sentimientos bondadosos incontables, una multitud con los brazos abiertos gritando «bieeeen»…

Es bueno que sepamos que cada palabra nuestra que dirigimos a Dios entra en la intimidad de Dios. Cada palabra que le dirigimos entra en la multitud de su misericordia, como en el centro de una explanada rodeada de una multitud de buenos sentimientos divinos.

Por eso, con un tranquilo reconocimiento continuamos diciéndole: Yo soy un pobre malherido; Dios mío, tu salvación me levante (v. 30).

¡Qué maravilla! Las consecuencias son extraordinarias: «Miradlo, los humildes, y alegraos, buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón. Que el Señor escucha a sus pobres, no desprecia a sus cautivos» (vv. 33-34).

¿Cómo no entender, entonces, que la oración cambia al hombre como ninguna otra cosa? ¿Cómo no asombrarnos ante el poder de la palabra del hombre cuando ésta va dirigida a Dios? ¿Cómo no aceptar que la oración es un laboratorio en que Dios transforma al hombre? ¿Cómo no rendirnos ante la realidad de que el hombre es lo que es su oración? Podríamos decir: tanto oras, tanto vales.

Por esto, los cristianos decimos —gritamos— al mundo, convencidos, lo que ya gritaban y cantaban los judíos a Yavé:Los ojos del Señor miran a los justos, sus oídos escuchan sus gritos.

Cuando uno grita, el Señor lo escucha y lo libra de sus angustias;

el Señor está cerca de los atribulados, salva a los abatidos. (Salmo 33, 16.18-19)

Tal día como hoy, la noche del 4 al 5 de agosto del año 352, la Virgen se aparece en sueños a un patricio romano de nombre Ioannes. Santa María le expresa su deseo de que se construya una iglesia en su honor en el lugar de Roma donde al día siguiente, en pleno verano, nevará. El día 5 Ioannes refiere ese mensaje al papa Liberio, mientras una copiosa nevada cubre de blanco la cumbre del Esquilino, una de las siete colinas romanas. El Papa, acompañado del patricio, traza en el suelo los límites de lo que será la primera basílica romana dedicada a la Virgen. Cada 5 de agosto, todos los años, se evoca aquella singular nevada con una lluvia de pétalos blancos sobre el pavimento de la basílica, y la Iglesia celebra la fiesta de Nuestra Señora de las Nieves.

Madre mía, Nuestra Señora de las Nieves, felicidades. Qué alegría celebrar otro de tus nombres. Danos a todos tus hijos los hombres ser magnánimos. Señor, sé que cada una de mis palabras, cuando te las dirijo, entra en tu interior, como un balón en un estadio de fútbol repleto de aficionados, entra en tu interior abarrotado de tus buenos sentimientos hacia mí. Que no me acostumbre a hablarte. Dame fe en la oración. Sé que tus ojos me miran, que tus oídos me escuchan. Cuando esté abatido, cansado o desanimado, cuando algo me preocupe… gritaré mis angustias, y tú me salvarás. Gracias, Dios mío, por estar tan cerca de mí.

Este mes que estamos procurando cuidar los amores, cuida el amor a Dios y a santa María rezando bien, con tranquilidad. Háblalo hoy con ella.

08-04

San Juan María Vianney, Cura de Ars. Siglos XVIII-XIX.

De Francia, nació en plena Revolución Francesa, que persiguió el catolicismo. El santo se fugó del ejército napoleónico y fue ordenado sacerdote, pese a no superar las pruebas, por su santidad. Fue párroco de Ars durante 41 años.

En busca del paraíso perdido

Todos buscamos lugares tranquilos y silenciosos donde perdernos y olvidarnos durante unos días del trabajo, del ruido y de las prisas. Buscamos un paraíso.

Paraíso es una palabra originaria del persa que significa jardín. Los árabes dotaban a sus casas de árboles, fuentes y estanques. No se concebía una casa sin el jardín que ofrece sombra para suavizar el ardor del desierto y agua para calmar la sed. Era también un modo de prefigurar lo que esperaban para la otra vida.

Hoy celebramos la fiesta de un hombre enorme: el cura del pequeño pueblo francés llamado Ars. Habló mucho del cielo, y del cielo que ya empieza en la tierra que encontramos en la eucaristía. Decía:

«¡Oh alma mía, qué grande eres! Sólo Dios puede contentarte. El alimento del alma es el cuerpo y la sangre de Dios. ¡Oh hermoso alimento! El alma no puede alimentarse sino de Dios. Sólo Dios puede bastarle. Sólo Dios puede llenarla. Fuera de Dios nada hay que pueda saciar su hambre. Necesita absolutamente de Dios.» Fíjate: no necesitamos placeres del cuerpo, sino llenarnos de Dios.

El cielo, nuestro paraíso, no es un lugar para hacer cosas, es un lugar para contemplar; no es un lugar para correr, es un lugar para mirar. La presencia de Dios lo invade todo, y en Dios se tiene todo, con él la satisfacción es plena, se alcanza la felicidad.

Cuenta la leyenda de san Virila, que fue abad del monasterio de Leyre, que lo pasaba mal porque dudaba seriamente de que estar contemplando a Dios por toda la eternidad pudiese proporcionar la felicidad eterna. O sea, dudaba de que el cielo valiese la pena: estar todo el día mirando a Dios pensaba que sería un aburrimiento. Cuentan que una mañana de primavera Virila salió a dar un paseo por los alrededores del monasterio. Tras sentarse a descansar, le envolvió el canto de un ruiseñor. Ya de vuelta en el monasterio descubrió que todo había cambiado, incluso los monjes. Éstos le contaron que el abad Virila había desaparecido hacía más de trescientos años. En ese momento comprendió lo fácil que resultaría permanecer toda la eternidad en presencia del Creador, cuando el canto de un ruiseñor que había durado tres siglos a él le había parecido un momento delicioso.

Este mes de agosto puede ser un momento propicio para la contemplación. Hay tiempo para relajarse mirando el mar o las montañas durante el día, o las estrellas en las noches claras. Y qué fácil es pasar de las criaturas al Creador y agradecerle tantas maravillas que nos dan la paz. En esa quietud saboreamos instantes de felicidad que quisiéramos prolongar, pero que sólo en el cielo serán verdadera realidad estable.

Volvemos a mencionar al santo cura de Ars. En sus primeros años de sacerdocio exclamaba: «Los pajaritos cantaban en el bosque. Yo me eché a llorar. ¡Pobres animalitos!, Dios os ha criado para cantar y cantáis… ¡El hombre, que ha sido hecho para amar a Dios, no le ama!»

No dejemos de mirar al cielo como hicieron los apóstoles al ver ascender a Jesús. No miremos solamente para ver si va a hacer buen tiempo, miremos porque de alguna manera allí se encuentra Dios. Así viviremos un tiempo de verdadera felicidad.

Busco, Señor, tu rostro. Tu rostro buscaré. Tu cielo es mi alma, el lugar en el que quieres habitar. Instálate en mi alma, Dios mío, y yo te contemplaré. Por intercesión del Cura de Ars, concédenos gozar ya del paraíso aquí en la tierra. Así sea.

Quizá el mejor paraíso para Dios sea el alma del cristiano abierto a su gracia. Habla con él, procura no tener prisa, pregúntale por lo del abad Virila y por el llorodel cura de Ars… Éste es el patrono de los párrocos: pídele por el tuyo: para que sea santo, alegre, estudioso, buen pastor, que llegue a muchos… y sea instrumento para que lleguen vocaciones sacerdotales.

08-03

Santa Lidia, Primera Cristiana Europea. Siglo I.

De Turquía, fue la primera persona del continente europeo en convertirse al cristianismo. Consideraba el trabajo como una forma de conquistar lasantidad y de dar buen ejemplo. Su encuentro con San Pablo y San Lucas llenó su corazón.

Tres defectos de Jesús para ser buen amigo

François-Xavier Nguyen van Thuan fue tomado preso mucho tiempo, años en los que sufrió todo tipo de malos tratos. En la cárcel escribió:

«En la prisión mis compañeros que no son católicos quieren comprender “las razones de mi esperanza”. Me preguntan amistosamente y con buena intención: “¿Por qué lo ha abandonado usted todo: familia, poder, riquezas, para seguir a Jesús? ¡Debe de haber un motivo muy especial!” Por su parte, mis carceleros me preguntan: “¿Existe Dios verdaderamente? ¿Jesús? ¿Es una superstición? ¿Es una invención de la clase opresora?”

»Así pues, hay que dar explicaciones de manera comprensible…

»Primer defecto: Jesús no tiene buena memoria.

»En la cruz, durante su agonía, Jesús oyó la voz del ladrón a su derecha: “Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino” (Lucas 23, 42). Si hubiera sido yo, le habría contestado: “No te olvidaré, pero tus crímenes tienen que ser expiados, al menos, con 20 años de purgatorio”. Sin embargo Jesús le responde: “Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23, 43). Él olvida todos los pecados de aquel hombre.

»Algo análogo sucede con la pecadora que derramó perfume en sus pies: Jesús no le pregunta nada sobre su pasado escandaloso, sino que dice simplemente: “Quedan perdonados tus muchos pecados, porque has mostrado mucho amor” (Lucas 7, 47).

»La parábola del hijo pródigo nos cuenta que éste, de vuelta a la casa paterna, prepara en su corazón lo que dirá: “Padre, pequé contra el cielo y contra ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros” (Lc 15, 18-19). Pero cuando el padre lo ve llegar de lejos ya lo ha olvidado todo; corre a su encuentro, lo abraza, no le deja tiempo para pronunciar su discurso, y dice a los siervos, que están desconcertados: “Traed el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en la mano y unas sandalias en los pies. Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío había muerto y ha vuelto a la vida; se había perdido y ha sido hallado” (Lucas 15, 22-24).

»Jesús no tiene una memoria como la mía; no sólo perdona, y perdona a todos, sino que incluso olvida que ha perdonado.

»Segundo defecto: Jesús no sabe matemáticas.

»Si Jesús hubiera hecho un examen de matemáticas, quizá le hubieran suspendido. Lo demuestra la parábola de la oveja perdida. Un pastor tenía cien ovejas. Una de ellas se descarría, y él, inmediatamente, va a buscarla dejando a las otras noventa y nueve en el redil. Cuando la encuentra, carga a la pobre criatura sobre sus hombros (cf. Lucas 15, 47).

»Para Jesús, uno equivale a noventa y nueve, ¡y quizá incluso más! ¿Quién aceptaría esto? Pero su misericordia se extiende de generación en generación…

»Cuando se trata de salvar a una oveja descarriada, Jesús no se deja desanimar por ningún riesgo, por ningún esfuerzo. ¡Contemplemos sus acciones llenas de compasión cuando se sienta junto al pozo de Jacob y dialoga con la samaritana, o bien cuando quiere detenerse en casa de Zaqueo! ¡Qué sencillez sin cálculo, qué amor por los pecadores!

»Tercer defecto: Jesús no sabe de lógica.

»Una mujer que tiene diez dracmas pierde una. Entonces enciende la lámpara para buscarla. Cuando la encuentra, llama a sus vecinas y les dice: “Alegraos conmigo, porque he hallado la dracma que había perdido” (cf. Lucas 15, 89).

»¡Es realmente ilógico molestar a sus amigas sólo por una dracma! ¡Y luego hacer una fiesta para celebrar el hallazgo! Y además, al invitar a sus amigas ¡gasta más de una dracma! Ni diez dracmas serían suficientes para cubrir los gastos…

»Aquí podemos decir de verdad, con las palabras de Pascal, que “el corazón tiene sus razones, que la razón no conoce”. Jesús, como conclusión de aquella parábola, desvela la extraña lógica de su corazón: “Os digo que, del mismo modo, hay alegría entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta” (Lucas 15, 10).»

Hasta aquí este sacerdote que más tarde sería nombrado cardenal y predicó unos ejercicios espirituales a Juan Pablo II. Sería bueno que imitásemos estos tres defectos de Jesús para ser buenos amigos de nuestros amigos. Quien no tiene esos defectos, no sabe amar ni sabe tener amigos. Son tres lecciones de quien nos ama y nos llama «amigos».

Gracias, Señor, por llamarme amigo. Voy a repasar estos tres «defectos» tuyos para mejorar como amigo. También los tengo que vivir yo. Que no tenga memoria, que no aplique las matemáticas, que no sepa de lógica. Enséñame a ser buen amigo de mis amigos. Enséñame a amar a quienes me aman y a quienes he comprometido mi amor.

Comenta ahora, con tus palabras, cada uno de ellos. Pídele que cambie tu corazón hasta hacerlo defectuoso como el suyo. Cuenta con María.