05-24

Nuestra Señora María Auxiliadora

Los cristianos de la Antiguedad, San Juan Crisóstomo, el gran orador Proclo llamaron a la Santísima Virgen con el nombre de Auxiliadora. En griego significa la que trae auxilios venidos del Cielo.

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Ojeando papeles viejos encuentro la fotocopia de una carta que leí no sé dónde. Te la transcribo:

«María: no sé cómo empezar esta carta. Me habría hecho muy feliz que con toda sinceridad hubiese podido decir: Querida Madre mía, pero siento que no alcanzo a decirlo porque no sé si te quiero lo suficiente para ello. El querer a alguien es dar y hacer por el otro “el todo”. Yo sé que tú lo eres todo eso para mí: ¡eres mi Madre!; pero por mi parte no confío lo suficiente, no amo lo suficiente, no me entrego lo suficiente.

»¿Será por todo eso por lo que no recibo respuesta a mis peticiones? Diariamente te cuento mis temores, mis inquietudes, mis preocupaciones, incluso mis alegrías, y tú callas. (…) ¿Es, como te decía antes, mi falta de amor y confianza, en definitiva mi falta de fe, la que no me deja entenderte del todo?

»Yo te espero todos los días. Gracias.»

¿Puedes tú decirle con sinceridad «Querida Madre mía»?; ¿Das y haces «el todo» por ella y por Dios? Aprovecha ahora para hablarlo con ella.

Lo que no está escrito es ahora cuando puedes decírselo, comentando el texto que has leído y las preguntas. Después termina con la oración final.

05-23

San Desiderio, obispo y mártir. Siglo IV

Obispo desde muy joven, tuvo que atacar con dureza los vicios de la corte. La gobernanta convocó un concilio en Chalon con la única intenció de que callara, por lo que estuvo exiliado durante un tiempo.

¿Un acordaos?

Una reunión numerosa con un Obispo de la lglesia; uno de los asistentes se dirige a él; se ve que le tiene cariño y, como quien está dispuesto a todo, le pregunta:

—¿Qué quiere que recemos por usted cada día?

El Obispo prefiere hacerse el sordo, pero la insistencia le obliga a contestar:

—«Un acordaos».

Aquél, que estaba dispuesto a cualquier cosa, por difícil que fuese, se sintió como defraudado, pues le parecía poco. El Obispo leyó en la cara de aquel joven su desilusión y añadió:

—¿Te parece escaso? ¡Qué poco valoras la oración vocal! Con una sola oración a la Virgen, si tenemos fe, hacemos mucho por quienes queremos.

Madre, ayúdame a valorar cada oración. Si llamo por teléfono a un amigo dándole un recado, sé que me ha oído y que, si puede, lo hará. Cada vez que te digo algo, que te rezo un Acordaos, es —¡por lo menos!— como si te llamara por teléfono: Tú me escuchas y me haces caso.

Ahora puedes seguir hablando a María con tus palabras, comentándole algo de lo que has leído. Después termina con la oración final.

05-22

Santa Joaquina Vedruna, viuda y fundadora. 1773-1854

Muy devota del niño Jesús, se casó y Dios le regaló ocho hijos. Al quedar viuda y libre de toda responsabilidad hogareña, cumplió su deseo de cuando era niña, ser religiosa. Fundó la Comunidad de las hermanas Carmelitas de la Caridad.

<<¡La llevas clara!>>

Un mes de otoño. Por motivos profesionales, un hombre que trabaja para una empresa de electricidad va a un santuario de la Virgen. Uno de los ordenanzas que atienden el santuario aprovecha para entablar una conversación con él, animándole a llevar una vida cristiana y confesarse. No consigue nada. Se define no creyente… y todo resulta inútil. Cuando el ordenanza le despide dando por imposible la conversión de aquel hombre ateo convencido, vio algo extraño: observa que al pasar por una hucha del santuario este hombre echa una limosna. Para sus adentros se dice el ordenanza: «La llevas clara, porque si has dado algo a la Virgen, Ella se las apañará para darte más a ti.»

Me contaba el ordenanza que al cabo de un par de años, aquel hombre volvió al santuario para saludarle: no sabía cómo, pero su vida había cambiado completamente; había vuelto a la fe y se había comprometido con Dios a seguirle de cerca, y entre sus compañeros y familiares había hecho un gran apostolado.

Santa María, para ir yo a Dios, para acercarle a mis amigos y familiares, el camino más seguro y corto eres tú. Darte algo, aunque sea poco y casi diría que sin fe, significa que tú haces el resto. Durante este mes trataré de ayudar a algunos amigos míos (puedes decirle, ahora, quiénes en concreto) a que hagan algo por ti.

Puedes comentar con ella qué hacer con algunos de ellos: quizá puedes ir a visitarla, de romería, con alguno de ellos; o puedes darle una imagen de la Virgen, o rezar juntos una oración… Después termina con la oración final.

05-21

San Cristobal Magallanes y compañeros, mártires mexicanos. Siglo XX

Sacerdote y mártir mexicano, piadoso y servicial. Fué perseguido por el ejército federal durante la Guerra de los Cristeros y, finalmente, detenido y ejecutado.

Guadix: ¡era su hijo!

En 1808, el ejército de Napoleón, que ya había entrado en España, llegó hasta la pequeña localidad de Guadix. El gran escritor Pedro de Alarcón era de por allí, y relata algunos sucesos ocurridos en su pueblo. Éste entre otros:

«[El general recibe noticias de boca del jefe de la expedición.]

»—¿Cuántos prisioneros traéis? —le pregunta—. ¡Necesitamos ahorcarlos para que escarmienten los demás pueblos del partido!

»—¡Sólo traigo dos: un viejo y un muchacho! ¡En toda la villa no encontré más enemigos! —responde el jefe bajando los ojos.

»Entonces el general no puede por menos que admirar la actitud verdaderamente antigua, clásica, espartana de aquellos montañeses. Pero, con todo, insiste en que sean ahorcados los dos débiles prisioneros…

»Nuestros padres nos han referido muchas veces de aquella ejecución… Pero nosotros la contaremos rápidamente… Son de índole demasiado feroz para que la pluma se detenga en su relato.

»Ataron una soga al cuello del niño, y lo arrojaron desde un mirador de la casa del ayuntamiento a la plaza mayor del pueblo. Rompiose la soga, que sin duda era vieja, y el niño cayó contra el empedrado. Anudaron la parte rota, tornaron a subir a la pobre criatura, lo colgaron de nuevo, y la soga se volvió a romper. El niño quedó en el suelo sin poder moverse. No había muerto pero todas sus costillas se habían roto. Entonces un oficial de dragones, conmovido al mirar que se pensaba en colgarlo por tercera vez, llegose al infeliz… y le deshizo la cabeza de un pistoletazo.

»Saciada de este modo, al menos por aquel día, la ferocidad de los vencedores, dignáronse perdonar al anciano enfermo, el cual había presenciado toda la anterior escena acurrucado al pie de una columna, esperando a que le llegase su vez de ser ahorcado. Diéronle, pues libertad, y el pobre viejo salió de la plaza corriendo y tambaleándose, y tomó el camino de su pueblo, donde murió de tristeza aquella misma noche. ¡El niño asesinado… era su hijo!»

¡Pobre niño… y pobre viejo! Quizá nos podamos haber acostumbrado al drama de la cruz ¡Pobre Jesucristo… y pobre María!

Madre mía, que no me acostumbre a ver crucifijos; que no me acostumbre a vivir la Misa como si allí no ocurriese nada, como si nadie sufriese en ella. Ayúdame a ser generoso e ir a Misa con toda la frecuencia que me sea posible, y que ponga todo el corazón: ¡que en la misa vea personas! ¡que necesite la Misa!

Continúa hablándole con tus palabras un rato.

05-20

San Barnardino, presbítero. Siglo XV

Presbítero de la Orden de los Hermanos Menores. Abandonó todo para entrar en la comunidad Franciscana y difundió la dvoción al sanísimo nombre de Jesús. Se le apareció San Pedro Celestino que le avisó de su muerte.

Que fácil es convencer a María

En septiembre de 1980, la madre Teresa de Calcuta fue a visitar el Hogar lnfantil de Calcuta. Un niño se estaba muriendo. Una de las Hermanas se lo dijo a la madre Teresa. Fue al lugar donde estaba la cuna, tomó al niño en sus brazos y se puso a rezar un Padrenuestro y un Avemaría. El capellán bendijo al niño y la madre Teresa se lo devolvió a la Hermana. Aquella misma tarde el niño comenzó a mejorar y al día siguiente estaba fuera de peligro. El poder de la oración había obrado el prodigio.

No es cuestión de magia, o de probar suerte. Se trata de saber y vivir la verdad de que María es nuestra Madre, y de acudir a ella como hijos. Decía Benedicto XVI: «Nos ha sido dada como “madre” —así lo dijo el Señor—, a la que podemos dirigirnos en cada momento. Ella nos escucha siempre, siempre está cerca de nosotros; y, siendo Madre del Hijo, participa del poder del Hijo, de su bondad. Podemos poner siempre toda nuestra vida en manos de esta Madre, que siempre está cerca de cada uno de nosotros» (15 de agosto de 2005).

Santa María, ¡lo que eres capaz de hacer por nosotros, sólo por un Avemaría! Por rezar un Avemaría, ¡cuánto puedo conseguir!

Ahora puedes seguir hablando a María con tus palabras, comentándole algo de lo que has leído. Después termina con la oración final.

05-19

San Celestino V, Papa. 1221-129

Humilde sacerdote nacido en el seno de una familia numerosa. Fundó la Orden de los Celestinos, lo nombraron Papa pero, al no tener experiencia diplomática, renunció a los cinco meses.

Media Avemaría… y bastará

Vallejo—Nágera, conocido psiquiatra, antes de morir a causa de un cáncer, escribió un libro con recuerdos de su vida. En uno de éstos recordaba, divertido y emocionado, la conversación con su buen amigo, el famoso torero Miguel Dominguín. Miguel no practicaba como cristiano, y Vallejo trataba de ayudarle para que volviera a Dios antes de morir, pues el torero, por falta de formación, vivía alejado de Dios.

Decía Vallejo: «No digas que no has blasfemado. Pero como eso es una anormalidad y yo, como psiquiatra, me doy cuenta de los traumas de infancia que te han podido llevar a esa aberración, creo que Dios, que es mucho más listo que yo, no te lo va a tener en cuenta.

»Y con tus muchos disparates será benévolo, porque sabe que eres un disparatado. Te ha hecho con este vigor y vitalidad que no se encauzó bien; has aprendido a leer entre los cuernos de los toros, porque te tuvieron desde los catorce años explotándote para torear (…).»

«—Mira Miguel —le dije—,no te voy a pedir que cambies de vida, no te voy a pedir que dejes de beber… Sigue como estás ahora, que estás hecho un desastre, pero te voy a decir una cosa. Yo sé que me voy a morir muy pronto y Dios me ha dado la gracia de recobrar mi fe de la infancia, la misma que tuviste tú, porque tu madre la tenía, y te la enseñó, y tus hermanas la siguen teniendo. No te voy a pedir que vayas de ejercicios. Sólo que le digas a la Virgen: Virgen mía, ayúdame a entrar. Dios mío, perdóname. Y te va a bastar con eso, porque la Virgen te escuchará.»

Miguel se quedó muy conmovido…

«—Mira, Miguel —le dije—,vas a rezar conmigo media Avemaría, sólo la segunda parte, santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores… Que tú lo eres de narices… ahora y en la hora de nuestra muerte, amén. Hazme un favor, júrame que esa Avemaría la vas a rezar todas las noches.»

»—Yo no juro —me dijo él—,yo prometo, y te lo prometo.

»Pero, como es muy cabezota y nunca quiere dar su brazo a torcer, añadió:

»—Te la rezaré a ti y como un fandango.

»—Me da igual —le dije yo—, tú rézala cuando te acuerdes de mí y bastará.

María es el rostro que nos muestra la maternidad de Dios. Su maternidad, por eso, es sobreabundante, extraordinaria, sin límites, de una misericordia eterna que va de uno al otro confín. María es una Madre a la medida de Dios.

¡María, eso sí que es acertar en el modo de ayudar a un amigo! Yo te acercaré a mis amigos y tú haces el resto, ¿de acuerdo?

Ahora puedes seguir hablando a María con tus palabras, comentándole algo de lo que has leído. Después termina con la oración final.

05-18

Juan I, Papa y mártir. Siglo VI

No apoyaba la herejía de lo arrianos, por lo que fue encarcelado y murió por los malos tratos que recibió.

La solución para todo

Excursión montañera de alumnos de Primaria. En un sencillo paso con algo de pendiente y gran cantidad de barro, uno de los chavales cae. Una mezcla de dolor y de vergüenza le llena la cara de lágrimas y la boca de gritos desesperados, invocando la ayuda de su madre —madre que en estos momentos se encontraba a bastantes kilómetros, por lo menos a cien—: «¡Mamá, mamá!» Era absurdo —no podría escucharle—, pero también natural —de pequeño, la madre es la solución para todo—.

Así vivimos los cristianos: recurrimos siempre a ella. Y el cariño a María es siempre solución para todo porque ella nos enseña a permanecer junto a su Hijo en cada situación en la que la llamamos.

Madre mía, ¡ojalá no deje nunca de ser pequeño! ¿Por qué tantas veces me empeño en levantarme yo solo, en luchar yo solo, en sufrir yo solo? Que en todas las circunstancias te llame. Además, a nosotros nunca nos separan los kilómetros… ¡Te llamaré! y perdona si sólo lo hago cuando te necesito, pero… ya sabes, los hijos siempre somos un poco egoístas con vosotras las madres. ¡No me sueltes de tu mano!

Ahora puedes seguir hablando a María con tus palabras comentándole algo de lo que has leído. Después termina con la oración final.

05-17

San Pascual Bailón, religioso franciscano. 1540-1592

Pastor de ovejas, de gran devoción Eucarítica, se le apareció el Señor en varias ocasiones. Entró en el convento de los Franciscano de Alavatera y desempeñó oficios humildes. Famoso por su don para llevar las almas a Cristo.

Lo único que sabe hacer

¿Sabes a qué edad se jubilan las madres? «María —nuestra Madre la Virgen— se dedica por toda la eternidad a ser madre de los hombres. No se jubiló de la maternidad. Sigue engendrando, engendrándonos. Ejerce de madre porque tal vez es lo único —¡lo único!— que sabe hacer. ¡Y qué bien lo hace!» ¿Y cómo se trata a una madre? Con cariño. Como cualquier otra madre, María agradece y «necesita» nuestras manifestaciones de amor.

En un viaje a Chile de san Josemaría, uno que estuvo con él cuenta que un día se pusieron a pasear solos a lo largo de un pasillo. Al final del largo pasillo había una imagen de la Virgen, una pequeña talla sobre un pedestal. En cuanto la descubrió, interrumpió la conversación y se inclinó sobre la imagen, poniendo en ella un beso de amor. No fue un gesto aislado: tenía la costumbre de besar muchas veces cada día la imagen que estaba en la mesa donde trabajaba.

Puede parecer pequeño ese detalle. Y realmente lo es. Pero me trae a la cabeza los enfados de mi madre cuando, al llegar a casa o al irme a la cama, se me olvidaba darle un beso.

Dile a María que tratarás de dar besos a sus imágenes con frecuencia, otras veces sólo la mirarás, o le harás un guiño… A esta mujer que es madre y sigue ejerciendo de madre, seguro que le gusta. Eso sí: ten una imagen suya donde trabajas.

Madre, siempre madre y siempre joven, gracias por tus cuidados y tu cariño. Si te tuviese delante, pienso que te daría un beso enorme-bonito-sonoro-interminable… Pero como no te tengo físicamente, te daré los mismos besos cada vez que se los dé a una de las imágenes que hemos hecho de ti. Seguro que eres más guapa que cualquiera de ellas, pero me servirán para besarte a ti sin tenerte a ti. Gracias, ¡te quiero!

Ahora puedes seguir hablando a María con tus palabras, quizá concretando con ella qué puedes hacer. Y, si tienes a mano una imagen suya, dale un buen beso. Después termina con la oración final.

05-16

San Honorato, obispo. Siglo VII

Obispo, patrón de los panaderos, miembro de una de las familias más importantes del país. Señalaba a los molineros y a los panaderos como sus protegidos.

Este hombre está chiflado

San Juan Bosco necesitaba construir una iglesia en honor de María Auxiliadora, pero no tenía nada de dinero. Se lanzó, pero las deudas también se lanzaron sobre él. Un día en que no podía retrasar más los pagos, para conseguir dinero le dijo a la Virgen: «¡Madre mía! Yo he hecho tantas veces lo que tú me has pedido… ¿Estás dispuesta a hacer hoy lo que yo te voy a pedir?»

Entonces, con la convicción de que la Virgen se ha puesto en sus manos, don Bosco se dirige al palacio de un enfermo que tenía bastante dinero, pero que también era bastante tacaño. Este enfermo, que hace tres años vive crucificado por los dolores y no podía siquiera moverse de la cama, al ver a don Bosco le dijo:

—Si yo pudiera sentirme aliviado, haría algo por usted.

—Muchas gracias; su deseo llega en el momento oportuno; necesito precisamente ahora tres mil liras.

—Está bien; consígame un pequeño alivio y a fin de año se las daré.

—Es que yo las necesito ahora mismo.

El enfermo cambia de postura con mucho dolor, y mirando fijamente a don Bosco, le dice:

—¿Ahora? Tendría que salir, ir yo mismo al Banco Nacional, negociar unos documentos… ¡Ya ve!, es imposible.

—No, señor, es muy posible —replica don Bosco mirando su reloj—. Son las dos de la tarde… Levántese, vístase y vamos allá dando gracias a María Auxiliadora.

—¡Este hombre está chiflado! —protesta el viejo entre las mantas que le abrigan—. Hace tres años que no me muevo en la cama sin dar gritos de dolor, ¿y usted dice que me levante? ¡Imposible!

—lmposible para usted, pero no para Dios… ¡Ánimo! Haga la prueba…

AI escuchar las voces acuden a la habitación varios parientes. Está llena. Todos piensan de don Bosco lo mismo que piensa el enfermo: que está chiflado.

—Traigan la ropa del señor, que va a vestirse —dice don Bosco—, y preparen el coche porque va a salir. Mientras tanto, nosotros vamos a rezar.

Llega el médico.

—¿Qué pasa aquí? ¿Qué imprudencia va a hacer, señor?

Pero ya el enfermo no escuchaba más que a don Bosco; sale de la cama y empieza a vestirse solo, y solo, ante los ojos maravillados de sus parientes, sale de la habitación y baja las escaleras y sube al coche. Detrás de él, don Bosco.

—¡Cochero, al Banco Nacional!

Ya la gente no se acuerda de él: llevaba tres años sin salir a la calle. Vende sus cédulas y entrega a don Bosco sus tres mil liras.

Quien confía en ti, Madre, jamás se queda a dos velas. Pero no estoy seguro de poderte decir lo que te dijo don Bosco: «Madre mía, yo he hecho tantas veces lo que tú me has pedido…» A partir de ahora sí que podré decírtelo. Pero ayúdame: quiero, sinceramente, saber lo que me pides.

Ahora puedes seguir hablando a María con tus palabras, comentándole algo de lo que has leído. Después termina con la oración final.

05-15

San Isidro Labrador. Siglo XII

Labrador humilde que se casó y llevó una dura vida de trabajo. Ejercitó las virtudes cristianas en el cumplimiento fiel de las obligaciones con Dios y con los hombres. Convertido en el modelo del honrado y piadoso agricultor cristiano.

María, Abogada de los pecadores

Santo Domingo predicó mucho el rezo del Rosario. Cuenta una biografía suya que un día le llevaron un pobre hombre endemoniado. El Santo puso el rosario que llevaba en el cuello de este hombre y después preguntó a los demonios que le poseían: «De todos los Santos del cielo, ¿cuál es el que más teméis?» Los demonios se negaron a responder, debido a que había mucha gente delante y no querían revelar en público a quién tenían miedo.

Como santo Domingo insistió una y otra vez, al final contestaron en voz alta: «La Santísima Virgen; nos vemos obligados a confesar que ninguno de los que perseveren en su servicio se condenará con nosotros; uno solo de sus suspiros vale más que todas las oraciones, las promesas y los deseos de todos los santos. Muchos cristianos que la invocan al morir y que deberían condenarse según las leyes ordinarias, se salvan por su intercesión. Si no se hubiera opuesto a nuestro esfuerzo, hace mucho tiempo que tendríamos derribada y destruida a la lglesia entera.»

Santo Domingo hizo rezar el rosario a todo el pueblo, y al fin los demonios salieron del poseído, dando aspavientos.

¡Qué suerte ser tu hijo, María! Ahora sí que digo con toda paz que no tengo miedo a nada ni a nadie. Pero sí a una cosa: a vivir sin ti, como si fuese huérfano. Encárgate tú, por favor, de que eso no suceda… y ya está. ¡Gracias, Madre mía!

Ahora puedes seguir hablando a María con tus palabras. No te canses de agradecerle lo buena y lo madre que es. Después termina con la oración final.